



El español Nicolás Terol (Aprilia) logró su primera victoria de la temporada al imponerse en el Gran Premio de la República Checa de 125 c.c. que se ha disputado en el circuito de Brno y muy a pesar de los esfuerzos realizados hasta el último metro por el también español Julián Simón (Aprilia) para doblegarlo.
La segunda plaza de Simón, unida a los resultados de sus principales rivales, le permite al piloto de la escuadra de "Aspar" ampliar aún más la ventaja con la que contaba en la clasificación provisional del campeonato del mundo, en el que ahora es segundo el propio Terol, en detrimento de Sergio Gadea, con 54,5 puntos de desventaja sobre el piloto de Villacañas.
Nicolás Terol, cuya primera y única victoria hasta la fecha la había conseguido el pasado año en el Gran Premio de Indianápolis, prácticamente dominó desde la primera a la última vuelta de la carrera checa y eso después de ser el más regular en los entrenamientos del fin de semana en Brno.
Sólo la picaresca del italiano Andrea Iannone (Aprilia), que se pegó a su rebufo en la vuelta buena de entrenamientos, le impidió lograr el mejor tiempo de entrenamientos, pero el trabajo de puesta a punto estaba muy bien hecho y "Nico" lo sabía, por eso que desde el principio imprimió un buen ritmo que sólo pudieron seguir Iannone y Simón, que tardó algo más en llegar hasta ellos, pues se había quedado en medio de un grupo de pilotos.
Terol se fue marchando poco a poco y tras su estela se fueron Iannone y Simón, aunque la elección de neumáticos de Simón, un compuesto algo más blando, al final condicionó sus opciones de luchar por la victoria en la última vuelta, en la que Nicolás Terol supo cerrar muy bien todos los huecos al resto de rivales.
250 cc Marco Simoncelli domina en BrnoUna carrera más para el haber de Valentino Rossi y una carrera menos para que Jorge Lorenzo gane a Rossi este Mundial de 2009. En una salida fulgurante Dani Pedrosa ha llegado primero a la primera curva del circuito de Brno en la República Checa, pero poco le ha durado la primera posición a Pedrosa, porque Valentino Rossi se ha puesto las pilas y le ha rebasado para empezar a tirar antes de que llegase a su altura Jorge Lorenzo. Aún con todo, Lorenzo ha rebasado al piloto de HRC y se ha puesto casi en el colín de la Yamaha de Valentino Rossi. En esta situación han ido pasando las vueltas en las que Rossi hacía una vuelta rápida y Lorenzo le respondía inmediatamente con otra vuelta magistral. Incluso han llegado a marcar exactamente el mismo tiempo en la séptima vuelta, algo que no se había visto nunca, o por lo menos yo no lo recuerdo.
Por detrás de esta pareja seguía Dani Pedrosa a buen ritmo a pesar de que la moto no le funcionaba al 100%. Tras Pedrosa había un trío formado por Toni Elías, Andrea Dovizioso y Loris Capirosi que también se las han tenido tiesas entre ellos, hasta que Dovizioso ha tenido un pequeño susto estando delante de Elías, que le ha pasado y ha tirado a muerte hasta el final.
Delante, en la vuelta décimo sexta, Lorenzo ha adelantado a Valentino y todo parecía que iba a ser definitivo, pero en la siguiente vuelta Valentino ha intentado devolverle el adelantamiento a Lorenzo y el español al intentar cerrar la puerta se ha ido al suelo. A partir de ahi, Valentino ha administrado la ventaja que llevaba sobre Pedrosa hasta la línea de meta. El podio ha quedado con Valentino Rossi primero, Dani Pedrosa segundo y Toni Elías tercero, reafirmando su candidatura para conseguir una moto puntera el año que viene en el mundial.
En la parte negativa Michele Fabrizzio no ha pasado de la sexta vuelta, retirándose con la sombra de que su buena posición en el mundial de SBK le haya pesado a la hora de arriesgar más. Y en la penúltima vuelta Mika Kallio y Marco Melandri han protagonizado la caída del día, al atropellar el de Ducati al italiano, que casi llega a las manos cuando se han levantado en medio de la grava de la escapatoria. El mundial parece más decantado para Rossi, pero no podemos darlo ya por cerrado, porque Lorenzo va a seguir apretándole las tuercas al Doctore de aquí hasta el final de la temporada.
En África, dijo alguien, los muertos son negros y las armas son blancas. Sería difícil encontrar una síntesis más perfecta de la sucesión de desastres que fue y sigue siendo, desde hace siglos, la existencia en el continente africano. El lugar del mundo donde se cree que la humanidad nació no era ciertamente el paraíso terrenal cuando los primeros “descubridores” europeos desembarcaron (al contrario de lo que dice el mito bíblico, Adán no fue expulsado del edén, simplemente nunca entró en él), pero con la llegada del hombre blanco se abrieron de par en par, para los negros, las puertas del infierno.
Esas puerta siguen implacablemente abiertas, generaciones y generaciones de africanos han sido lanzadas a la hoguera ante la apenas disimulada indiferencia o la impúdica complicidad de la opinión pública mundial. Un millón de negros muertos por la guerra, por el hambre o por enfermedades que podrían haber sido curadas, pesará siempre menos en la balanza de cualquier país dominador y ocupará menos espacio en los noticiarios que las quince víctimas de un serial killer.
Sabemos que el horror, en todas sus manifestaciones, las más crueles, las más atroces e infames, barre y asola todos los días, como una maldición, nuestro desgraciado planeta, pero África parece haberse convertido en su espacio preferido, en su laboratorio experimental, el lugar donde el horror se siente más a sus anchas para cometer ofensas que creíamos inconcebibles, como si los pueblos africanos hubiesen sido señalados al nacer con un destino de cobayas, sobre las que, por definición, todas las violencias serían permitidas, todas las torturas justificadas, todos los crímenes absueltos.
Contra lo que ingenuamente muchos se obstinan en creer, no habrá un tribunal de Dios o de la Historia para juzgar las atrocidades cometidas por hombres sobre otros hombres. El futuro, siempre tan disponible para decretar esa modalidad de amnistía general que es el olvido disfrazado de perdón, también es hábil en homologar, tácita o explícitamente, cuando tal convenga a los nuevos arreglos económicos, militares o políticos, la impunidad de por vida a los autores directos e indirectos de las más monstruosas acciones contra la carne y el espíritu.
Es un error entregarle al futuro el encargo de juzgar a los responsables del sufrimiento de las víctimas de ahora, porque ese futuro no dejará de hacer también sus víctimas e igualmente no resistirá la tentación de posponer para otro futuro aun más lejano el mirífico momento de la justicia universal en que muchos de nosotros fingimos creer como la manera más fácil, y también la más hipócrita, de eludir responsabilidades que solo a nosotros nos caben, a este presente que somos. Se puede comprender que alguien se disculpe alegando: “No lo sabia”, pero es inaceptable que digamos: “Prefiero no saberlo”. El funcionamiento del mundo dejó de ser el completo misterio que fue, las palancas del mal se encuentran a la vista de todos, para las manos que las manejan ya no hay guantes suficientes que les oculten las manchas de sangre.
Debería por tanto ser fácil para cualquiera una elección entre el lado de la verdad y el lado de la mentira, entre el respeto humano y el desprecio por el otro, entre los que están por la vida y los que están contra ella. Desgraciadamente las cosas no siempre suceden así.
El egoísmo personal, la comodidad, la falta de generosidad, las pequeñas cobardías de lo cotidiano, todo esto contribuye para esa perniciosa forma de ceguera mental que consiste en estar en el mundo y no ver el mundo, o solo ver lo que, en cada momento, sea susceptible de servir a nuestros intereses. En tales casos solo podemos desear que la conciencia venga, nos tome por el brazo, nos sacuda y nos pregunte a quemarropa: “¿Adónde vas? ¿Qué haces? ¿Quién te crees que eres?”. Una insurrección de las conciencia libres es lo que necesitaríamos. ¿Será todavía posible?
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Cientos de pilotes se hundieron en la arena hasta encontrar lecho duro, y así sostener uniformemente el enorme peso de la estructura.

