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El gran logro científico del siglo XX ha sido, sin lugar a dudas, la secuenciación del genoma humano, el libro que contiene la información necesaria para construir y mantener con vida a un ser humano.
El genoma está constituido por un número determinado de cromosomas que se encuentran encerrados en el núcleo de las células. Todos sabemos que el número de cromosomas que tienen todas las células de nuestro cuerpo -excepto nuestros espermatozoides, si somos hombres, u óvulos, si somos mujeres- es de 23 pares. O sea, 46 cromosomas.
Lo que ya no resulta tan conocido es que su simple conteo se hizo mal en un principio. La técnica, bastante simple, consiste en sacar una fotografía en el preciso instante de la división celular, justo el único momento en que los cromosomas se observan completamente separados. Y, después, contarlos. Una operación bien sencilla. Sin embargo, hasta mediados del siglo XX la mejor estimación de la ciencia era de 48 (que coincide con el número de cromosomas de nuestros primos los chimpancés).
Fue el 22 de diciembre de 1955 cuando un joven nacido en Java, Joe Hin Tjio, experto en genética vegetal, descubrió lo evidente. Desde 1948 Tjio dirigía un equipo de trabajo en citogenética en Zaragoza -donde estuvo hasta 1959-, pero en sus vacaciones marchaba a Suecia para investigar en el Instituto de Genética dirigido por Albert Levan.
Durante las vacaciones de Navidad Tjio hizo su gran y casual descubrimiento. Estaba tratando de desarrollar nuevas técnicas para separar los cromosomas siguiendo las ideas de un profesor de la Universidad de Texas llamado Hsu. Aquel día trabajaba con tejido pulmonar humano y, para su sorpresa, descubrió que sólo teníamos 46, y no 48. Los contó una y otra vez, hasta asegurarse de que no era él quien había cometido el error.
Muy excitado, Tjio lo aireó a los cuatro vientos. Pero cuando quiso darlo a conocer al mundo entero a través de un artículo en una revista de prestigio se tuvo que enfrentar a uno de los momentos más amargos de su vida investigadora.
Existe una ‘tradición’ en las universidades: el director del laboratorio es quien encabeza la autoría de los artículos científicos que allí se producen, haya o no haya intervenido en la investigación. Al querer publicar su descubrimiento Tjio tuvo que enfrentarse a esta tradición universitaria: su director, Levan, debía encabezar el artículo a pesar de no haber contribuido en nada a la investigación. Para colmo, en el momento del descubrimiento Levan estaba de vacaciones.
Cuando regresó, Tjio le dijo que no iba a permitir que figurara él como primer autor:
- Si quiere ser autor, deberá hacer el trabajo.
El javanés llegó tan lejos que amenazó con tirarlo todo por la ventana. Levan le suplicó:
- No lo hagas. Pertenece a la ciencia.
Esto fue algo que dolió mucho a Tjio.
En el número del 26 de enero de 1956 de la revista Hereditas apareció un artículo titulado “El número de cromosomas del hombre”. Sus autores, J. H. Tjio y A. Levan.
Siempre se ha dicho que para tiempos de crisis, el lujo es la solución. Y parece que la conocida firma de lencería Victoria’s Secret lo tiene claro.
En la imagen tenéis a la guapísima top-model barasileña Adriana Lima luciendo con mucha clase el espectacular Victoria’s Secret Fantasy Bra de 2008.
Esta maravilla del lujo fue creada por el joyero Martin Katz y está elaborado con 3575 diamantes negros, 117 diamantes blancos y 34 rubíes. Para rematar la jugada, tenéis dos diamantes negros en forma de gota de 100 quilates cada una.
Su precio, al igual que su campaña publicitaria es de escándalo. La chica que quiera lucirlo deberá desembolsar 5 millones de dólares. De momento nos conformamos con vérselo puesto a Adriana Lima.
Si eres piloto de Fórmula 1, probablemente tu mayor sueño sea ganar el campeonato, por encima de poseer cualquier cosa física. Pero si además de cumplir tu sueño en el circuito puedes cumplir tu sueño también en el garaje, no vas a hacer ascos.
La escudería McLaren prometió a Lewis Hamilton una de las cinco unidades del McLaren F1 LM que circulan por el mundo, que los rumores valoran en 8 millones de dólares (sí, cada una). La condición es que McLaren ganase el título de pilotos y constructores, algo que no ha sucedido (Ferrari al menos sí se llevó el de escuderías).
Para no decepcionar al chico, le han propuesto otra alternativa: ganar otros dos campeonatos, seguro que es una gran motivación para seguir. Por si ganar el primero no le hubiese resultado suficientemente difícil.
Algunas de las cosas que compramos de China son tan baratas, que me pregunto cómo logran cubrir siquiera los gastos de envío para lograr esos precios de venta. Ahora la mayor compañía naviera china, COSCO, nos da una pista. Se acaba de firmar un acuerdo con Solar Sailor, de Australia, para equipar algunos de sus buques de carga con velas rígidas gigantes, cada una del tamaño de un ala de un jet 747. Hemos visto antes versiones a pequeña escala de la misma idea, pero nunca nada tan grande.
En virtud de las condiciones del océano, las velas proporcionan suficiente empuje para reducir el consumo de combustible un 20-40 por ciento, mientras que los paneles solares que las cubren proporcionan la energía para mantener a la tripulación y la navegación electrónica. El suministro de energía lo proporcionan unas baterías recargables, que pueden conducir el barco mediante energía eléctrica en caso necesario, y si hay viento fuerte, los tornillos se pueden invertir para aumentar aún más la carga de las baterías. Las gigantescas velas pueden ser plegadas y reposar planas sobre la cubierta en caso de amenaza de tormenta.
El café para mí es un placer necesario y uno de mis favoritos es Lavazza, la marca que no deja de sorprendernos ha presentado la 17 ª edición de un Calendario de Lujo para el 2009, realizada por la fotógrafa de celebridades de renombre, Annie Leibovitz que reinterpreta iconos de la cultura italiana en un trabajo fotográfico perfecto y cuenta con la aparición de la bellísima Electtra Rossellini Wiedemann hija de Isabella Rosselini, sobre un plato de Spaguetti “al dente”.